Tres veces al día
Cuando trabajaba en el IMSS en el sur el estado, aprendí más
de la realidad el país en cada consulta,
que en cualquier otra clase académica…
Era uno de esos días calurosos donde tienes 5 minutos por
paciente y tienes 20 almas esperando y te toca el clásico don viejito que viene
solo…
Después de ver su expediente, y ver que venia a resurtir
receta para medicamentos de la diabetes… dadas las debidas indicaciones el
anciano pregunto:
-¿Y si no como, doitor? – pregunto el imberbe anciano, macizo y correoso como los mezquites, que se
suelen ver por aquellas regiones del sur de nuevo león, vestido con ropa
desleída a leguas de mucho tiempo de uso. Su cara muy surcada y envejecida,
ojos azules y porte de hombre
bragado, inspiraban el respeto propio de
su investidura… pero su avanzada osteoartritis le impedía el libre movimiento… - ¿Como quiera me las tengo que tomar?
- Haber, ¿Qué le dije? ... -Le conteste exasperado…Una pastilla de
las amarillas antes de cada comida, ¿verdad? ¿Me entendió? se toma su pastilla…
y luego, tiene que comer… - le ordene
categóricamente… - ¿me entendió?
- El que no entiende es usted, doitor -contesto amablemente el
anciano, pero me exalto…
- ¿Cómo que no entiendo?... me dije a mi mismo: ahora resulta...
- No se ofenda doitor, no es mi intención… me contesto el
hombre, apenado - Es que a veces, me duelen tanto los huesos y ando tan mal del
azúcar, que no tengo fuerza de salir a pizcar nopales o matar ratitas de campo
y a veces aunque salga, no mato ni una… y “semos” mi mujer y yo,
estamos solos, vivimos arriba en la sierra…

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